domingo, 18 de enero de 2009

La familia disfuncional

Jan
18
2009
La familia disfuncional

Laura Bolaños Cadena

En la inauguración del sexto Encuentro Mundial de las Familias (católicas), Felipe Calderón se mostró preocupado por el aumento de divorcios y por la cantidad de madres solteras; aseguró que el incremento de la delincuencia se debe a la “falta de valores familiares”. La familia disfuncional, o sea la de padres divorciados, es según él, la causa de la delincuencia. El diputado del PT Silvino Garay, en declaraciones de prensa, acotó que “ese supuesto se cumpliría en el caso de los hijos de Marta Sahagún, que, bajo la premisa de Calderón, provienen de una familia disfuncional, de padres que se divorciaron, y por ello se volvieron delincuentes”.

A parir, madres latinas

Ya lo dijo una vez el sacerdote Hugo Valdemar vocero de la Arquidiócesis capitalina: sostener que la mujer es dueña de su cuerpo es una aberración. Era de esperarse la posición de los participantes del encuentro donde se afirmó que “la familia se encuentra amenazada por el secularismo y la proliferación de políticas públicas y legislaciones civiles contrarias al matrimonio donde se aprueba el aborto y se promueve el uso de anticonceptivos”. Así que a parir “todos los hijos que el Señor mande”.
Calderón se contradijo cuando, después de mostrarse alarmado por divorcios, madres solteras y familias disfuncionales, aseveró que el pueblo mexicano tiene una “firme tradición familiar”. Los que ya pasamos –bastante- del medio siglo, recordamos los felices tiempos en que éramos más mochos que en la actualidad, y entre nuestros “sólidos valores familiares” contaba la “casa chica” casi como una institución, y los señores “hacían patria” fabricando hijos a diestra y siniestra. Aparte jactancias, cuando se le preguntaba a uno de estos dignos representantes de la familia tradicional católica que cuántos hijos tenía, solían contestar: “¿en qué colonia?”.

“Católico, católico, sí soy, pero....

...Católico, católico, lo que se dice católico...pues no, no soy”, se dice que contestó un buen mexicano cuando le preguntaron por su fe. La sólida tradición familiar (católica) actual del pueblo mexicano, no excluye el divorcio y la vuelta a casar; el vivir “arrejuntado”, se decía antes, hoy se llama unión libre o “vivo con mi novia”, y el hacer trampita para no tener un escuincle cada año. Sería bueno levantar una encuesta –y que dijeran la verdad- los devotos que van a la Basílica de Guadalupe y los que siguen entusiasmados y devotos al Papa cuando viene de visita.

Si Hitler no hubiera muerto...

Como dijera el gran filósofo Perogrullo en su principal silogismo, una cosa es una y otra cosa es otra. Una cosa es condenar la masacre de palestinos en la franja de Gaza y otra condenar a todos los judíos. Creer que por pertenecer a una determinada “raza” o grupo humano se es superior o inferior, se posee o se carece de tales o cuales calidades morales, es característica de la ideología nazi. La consecuencia lógica es que los buenos y superiores tienen el derecho y hasta el deber de eliminar a los malos e inferiores. Sostener esto es estar de acuerdo con lo que están haciendo los gobernantes israelíes: juzgar a todos los palestinos como terroristas, por lo tanto hay que acabarlos o aniquilarlos al grado de que no vuelvan a levantar cabeza.
De otra parte puedo asegurarle al Sr. José Gómez que si Hitler hubiera vencido, es muy posible que ni él ni yo estuviéramos aquí. Lástima que no haya leído los propósitos declarados de los nazis respecto a estas “razas degeneradas” de nuestra América, productos bastardos de lo peorcito entre lo humano: el mestizaje. Nos destinaban a vivir mientras les fuéramos útiles para trabajar. Después seríamos eliminados como toda basura humana.

Hay de judíos a judíos

Una gran cantidad de judíos dentro y fuera de Israel están en contra de lo que está haciendo ese gobierno en Gaza. Aquí mismo, judíos mexicanos han condenado la masacre. Pero volviendo a las “razas”: el gran antropólogo Juan Comas (catalán fallecido en México) escribió un folleto titulado “¿Pero existe en realidad una raza judía?”, donde demuestra que ni el 40 por ciento de los judíos tiene las características de la raza semita original. Residieron dos mil años en Europa y otros países, y resulta que los judíos sefarditas parecen españoles, los judíos rusos parecen eslavos, los judíos alemanes parecen alemanes, y etc. Y esto, según el mismo antropólogo, no se hace por la comida que se come ni por el aire que se respira. Los seres humanos se mezclan, lo digan o no lo digan y pese a todas las prohibiciones.
Finalmente, de acuerdo a las últimas investigaciones basadas en la genética, todos descendemos de un grupo africano original. Bajamos todos del mismo árbol, pues. Las conductas no dependen de la “raza”, sino de los intereses que se defienden.
Y más vale no pedir que algunos sean eliminados porque según los intereses del más fuerte, los eliminados podemos ser otros.

Por Esto!

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