miércoles, 6 de mayo de 2009

Casarse o no casarse?

¿Es verdad que la Iglesia prohibe que se casen mientras estan en acto de servicio?
Hola, bueno, me gustaria que alguien con argumentos Biblicos me contestara a la pregunta, ¿Es verdad que la Iglesia Catolica prohiben a los curas y demas que se casen mientras estan en acto de servicio?

Me intriga bastante, porque en la Biblia todos los que hacian la voluntad de Dios tenian su mujer e hijos. Ademas, lei tambien que la biblia si permite el casarse.

Tal vez este versiculo tenga toda la verdad: [1 timoteo 4:1]

Sin embargo, la expresión inspirada dice definitivamente que en períodos posteriores algunos se apartarán de la fe, prestando atención a expresiones inspiradas que extravían y a enseñanzas de demonios, 2 por la hipocresía de hombres que hablan mentiras, marcados en su conciencia como si fuera con hierro de marcar; 3 que prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que participen de ellos con acción de gracias los que tienen fe y conocen la verdad con exactitud. 4 La razón de esto es que toda creación de Dios es excelente, y nada ha de desecharse si se recibe con acción de gracias, 5 porque se santifica mediante la palabra de Dios y oración.
publicado en answers yahoo

Se olvidó del celibato

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Video semi porno de El Padre Alberto con su pareja de ya tiempo

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El Padrecito Alberto Cutie no solo tiene fotos si no que tambien existe un video semi porno del y su amor.

Ademas, el Cura lleva tiempos de andar con la misma mujer, hay fotos ineditas de la pareja subiendo en un avion para ir de vacaciones y saliendo de el hacia un lugar desierto que por cuestiones de promesa no podemos dar mas detalles.

Lo que muchos no sabian es que El Curita antes de ser Sacerdote estuvo a punto de casarse.

Otra de las fotografias es cuando esta con su amante en un bar.

La calentura hizo que el Curita se quemara. Aunque escribio un libro, ‘Ama la Verdad y Vive de Verdad‘.

Tambien tenia un talk show, El Padre Alberto, luego condujo un programa de TV que se llama, ‘Cambia tu vida con Padre Alberto‘ y en la actualidad, ‘Abre tu Alma con Padre Alberto‘.

Cutie oficiaba la misa en la parroquia de San Francisco en Miami. Como se ve Alberto no le hizo honor al titulo de su libro, Ama y vive la Verdad.

Lo que si se sabe es que las fotografias de la revista fueron tomadas en una playa al norte de Miami Beach donde solo se encuentra Judios y anglos. En una entrevista al Nuevo Dia dijo que ser tan popular le resta privacidad. Cuando desea ir a un lugar tranquilo, en Miami, selecciona aquellos frecuentados por los norteamericanos.

“Allí me como algo en una esquina y nadie me molesta, pero si voy a un lugar hispano no puedo comer. Es así, eso es la vida cuando uno está en este rollo”.

Asimismo, dice que es un error señalar al celibato como causa de pedofilia u otro desorden sexual, porque mientras la pedofilia es una enfermedad, un desorden sicológico grave, el celibato es una opción libre que un hombre toma.

“Creo que la Iglesia no puede cerrar los ojos a la realidad que tenemos que enfrentar; la homosexualidad y el problema de la pedofilia. Son problemas serios”. ¿Y están dentro de la Iglesia? “Dentro y fuera. La Iglesia no pude cerrarse a esa realidad”, contesta.

“Me preocupa también cuando eso pasa en un hogar. Está pasando y eso nadie lo habla. Eso sí es un escándalo”, abundó.

Y qué de su atractivo físico y las mujeres. El Padre Alberto reconoce que antes de ser sacerdote tuvo varias novias.

“Buen número”, comenta con una de sus carcajadas.

Al preguntarle si por el hecho de ser atractivo se le acercan mujeres no necesariamente buscando una dirección espiritual, dijo que a ellas les manifiesta que se siente como un hombre casado.

“Siempre digo que soy como un hombre casado, que a veces la fruta prohibida sabe mejor y a veces la gente persigue lo prohibido. Yo he sido bastante claro, he tratado de ser bastante claro con las mujeres inapropiadas que se me han metido en el camino, pero es una lucha de toda la vida”, expresa.

publicado en el brasero.com



L Influenza en los ojos de AMLO...

'Qué influenza ni que 8 cuartos': AMLO en mitin
El ex candidato presidencial encabezó un mitin con más de 500 personas en Tabasco; sostiene que el virus que más afecta es el del 'mal gobierno'


"Que influenza ni que nada ni que ocho cuartos", dijo el político tabasqueño a sus simpatizantes congregados esta mañana en el evento (Foto: Archivo )
ROBERTO BARBOZA SOSA / CORRESPONSAL 
EL UNIVERSAL 
TAMULTE DE LAS SABANAS, TAB MIÉRCOLES 06 DE MAYO DE 2009 
13:24
Sin cumplir con los lineamientos sanitarios contra la epidemia de la Influenza A H1N1, aprobados por el Instituto Federal Electoral (IFE), el ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador encabezó un mitin con más de 500 personas en el parque central de esta comunidad indígena del municipio del Centro.

"Qué influenza ni que nada ni que ocho cuartos", dijo el político tabasqueño a sus simpatizantes congregados esta mañana en el evento con el que inició un recorrido para apoyar los seis candidatos a diputados federales del Partido de la Revolución Democrática de Tabasco.

López Obrador sostuvo que el virus que más afecta a la población es el del "mal gobierno" ante una concurrencia en la que ninguna persona contaba con cubrebocas y donde estaban casi pegado uno con otro.

Aunque en un principio reconoció los lineamientos sanitarios que se debían cumplir por el la epidemia que afecta al país, pero que finalmente no respetó.

"No - argumentó - voy a hablar mucho porque no se convocó a un mitin sino que sólo venía a entregar volantes, porque así convocó el IFE de no tener actos masivos por el problema de la Influeza".

Al final responsabilizó a sus simpatizantes de que se haya efectuado ese mitin.

"Ustedes me trajeron para acá. ¿Si o no?.- preguntó a la concurrencia. Y se autojustificó: "Yo iba a entregar volantes casa por casa".

El ex candidato presidencial insistió en que el gobierno federal actuó mal en el combate y control de la Influenza, aseguró que el virus se propaga porque existe pobreza, abandono e insalubridad en el país.

Vsg
http://www.eluniversal.com.mx/notas/596134.html 

7 días de cuarentena

7 días de cuarentena

Política de comic

May
06
2009
Política de comic

Indice Político
Francisco Rodríguez

Calderón no estaba ni para Ministerio Público… lo impusieron como presidente de México... da pena nuestro país.
Andrés Manuel López Obrador

“¿ES UN PÁJARO?... ¿Es un avión?…” ¡No! ¡Es Felipe Calderón!...
Tal, lo único que nos faltaba: que el ocupante de Los Pinos se caracterizara de superhéroe de comic y al lado de sus chicos, también “superpoderosos” –o quizá nada más, cual cortesía de Mary Poppins, supercalifragilísticoespialidosos—, se autoerigieran en “los defensores de la humanidad”.
¡Recórcholis, Batman!, exclamaría el controversial Robin, al enterarse —una de dos— de que ya hay quien les disputa la chamba de combatir todos los males y plagas que aquejan a la sociedad mundial, o bien que está presentando su solicitud para ingresar a la muy selecta “Liga de los Defensores de la Libertad y la Justicia”, para apoyarse con sus miembros en otras luchas que ahora mismo está dando: contra el narco… contra la crisis mundial… contra la incomprensión que le enoja y lo rodea.

No es para reírse. Presenciamos ya un caso más de contagio de megalomanía que afecta a la llamada clase política mexicana. Una perturbación que, en este caso, surge cual reacción a la vacuna del miedo en contra de las críticas mundiales sobre la lenidad y lentitud con las que la fallida Administración calderonista ha enfrentado la emergencia del virus de influenza porcina.
¿Superpoderes? Nada de eso. No somos potencia, aunque en el discurso político nos digan a los mexicanos lo contrario. El poder de un Estado, simplificando un poco, tiene que ver con su masa crítica (territorio + población) y los demás recursos que posea: económicos, militares, psico-sociales, etc. Este poder describe la posición del Estado en el sistema internacional y permite diseñar una estructura jerárquica: superpotencias, grandes potencias, potencias medianas, Estados débiles, Estados blandos, Estados fracasados o fallidos…
México, en ese tenor y gracias a sus “gobernantes”, es un Estado pequeño y débil, fallido dicen en el exterior, que posee un solo recurso estratégico: el petróleo que, cíclicamente, le da unos relativamente ingentes recursos económicos. Y dada nuestra actual población, estos recursos no son ya suficientes para ser un país rico, pero permite que el gobierno tenga una relevante abundancia fiscal. Somos un pueblo pobre, con un gobierno rico y, además, irresponsable.
Las carencias en todos los rubros son enormes. ¿Por qué, entonces, la megalomanía redentora de Felipe Calderón en respuesta a las críticas de funcionarios de la Organización Mundial de la Salud?
Un psicólogo podría clarificar el origen del padecimiento, señalando que se trata de una condición que esconde detrás de esa fachada, la megalomanía, a un individuo con necesidad de reafirmarse frente a los demás para lograr aceptarse a sí mismo. Delirios de grandeza, que decimos popularmente.
Tal delirio, me explican, se presenta cuando el paciente se enfrenta a actos o proyectos grandiosos que exceden su capacidad, y en especial cuando se niega a aceptar el fracaso de sus esfuerzos. Y ante un medio hostil a su intelecto y emociones, desarrolla una baja autoestima que automáticamente genera un mecanismo de defensa, manifestando en su pensamiento una sobrevaloración narcisista de sus cualidades y de sus capacidades.
Así, la mejor prueba de que Calderón y su Administración fallida han enfrentado mal y de malas a la crisis sanitaria, es precisamente su afán por presentarse, como lo ha venido haciendo los últimos días, cual “defensor de la humanidad”.
Sigamos alegres. ¿Lo proponemos para el Premio Nobel de Medicina? ¿El de la Paz? ¿O dejamos que todo siga a nivel de comic o historieta?

Índice Flamígero: “El tamaño sí importa”, dice el amistoso lector don Francisco Sánchez. “Para fundamentar mi dicho, primero transcribo la parte científica: Los virus son estructuras extraordinariamente pequeñas. Su tamaño oscila entre los 24 nm (nanómetros) del virus de la fiebre aftosa a los 300 nm de los poxvirus. La mayoría de los virus no puede verse con el microscopio óptico, pero algunos son tan grandes o mayores que las bacterias más pequeñas y pueden verse bajo magnificación óptica alta. El nanómetro es la unidad de longitud que equivale a una milmillonésima parte de un metro. Comúnmente utilizada para medir la longitud de onda de la radiación ultravioleta, radiación infrarroja y la luz. Recientemente la unidad ha cobrado notoriedad en el estudio de la nanotecnología, área que estudia materiales que poseen dimensiones de unos pocos nanómetros. Ahora el cuestionamiento: Ante el tamaño descrito –que en este caso es importantísimo— de un virus, me queda en el tintero una pregunta para los fanáticos del ‘cubrebocas’ recomendado hasta la saciedad (¿o necedad?) por tirios y troyanos: ¿De qué protege ese adminículo, si esta hecho, regularmente, con tela cuyo entramado (red) difícilmente contendrá la embestida de una partícula del tamaño de un virus?”.

Por Esto!

www.indicepolitico.com / pacorodriguez@journalist.com

Por arte de magia

May
06
2009
Por arte de magia

María Teresa Jardí

Qué Harry Potter ni qué nada. Sin varita. Por arte de magia el usurpador mexicano lo mismo se saca de la manga un virus mortal que acaba por matar menos personas que los mosquitos que sobre la cama, y con la almohada como espada por la noche, se persiguen a sabiendas de que tienen ellos ganada la batalla, que lo da por terminado. Magia que no acaba con las funestas consecuencias, para los mexicanos, de la funesta decisión impuesta.

Lo sabían. Porque como nos lo hace saber Gilberto Balam Pereira, amén de los 600 millones de pesos dejados de ejercer por el sector salud, lo que también configura otro crimen a cargo del fecalismo usurpador, “cualquier microorganismo tiene un ciclo de vida y se autolimita hasta disminuir su virulencia; estos virus tienden a limitarse entre 6 y 8 días”. Pero el fascismo usurpador necesitaba usar el virus para acabar de imponer la dictadura policiaca. Y de paso les sirvió para hincharse un poco más los bolsillos con la ayuda enviada ante la vergonzosa exhibición de las carencias de servicios que ya hermanan al pueblo mexicano pobre, con el pueblo hindú más pobre.
Por arte de magia y cobrando otra clase de víctimas. Porque ya se sabe que las impunemente ejecutadas no han parado ni por el miedo a la influenza exportada desde el país Azteca como se llama a México, por estos días, en los noticieros informativos de Europa. Y por bien servidos podríamos darnos si la magia fecalista nos sirviera a los mexicanos para sentirnos aztecas y mayas y mixes y zapotecos y tzetzales y choles y tzotziles y nahuatls, etc. Es decir, si nos sirviera el evento para tomar nuestro destino en nuestras manos. En lugar de continuar dejándolo en las de la podrida clase política que a la mexicana se desempeña sin importar ni ideología ni el color de su bandera. Bienvenido el virus de la gripe azteca, además de porcina y de mexicana, como se va a conocer en el mundo para siempre, si sirve para forjar la identidad ausente que nos permita volver a formar parte del continente latinoamericano como algo más que como el patio trasero del decadente imperio norteamericano.
En la nota, publicada ayer en el POR ESTO!, se nos informa que el cuerpo del periodista fue hallado en la comunidad de Santa María del Oro, Durango, con tres disparos en la cabeza. Antes de morir, Carlos Ortega Samper, había dejado en la redacción de su oficina una nota en la que responsabilizaba al alcalde Martín Silvestre Herrera de cualquier cosa que le sucediera. Y en su edición del lunes el periódico, para el cual trabajaba, relacionó su asesinato --y la acusación en contra de los funcionarios públicos-- con un incidente que ocurrió hace unos días, cuando el reportero aseguró que dichos funcionarios intentaron golpearlo tras criticar las condiciones de sanidad y corrupción en que trabaja el rastro municipal. Es decir, bien puede ser el reportero una víctima de la denuncia de las condiciones de insalubridad y de carencias de servicio elementales que el virus ha destapado ante el mundo que sufrimos los mexicanos, los que horrorizarían a los que vivieron en la Edad Media. En pleno siglo XXI carecemos de lo mínimo indispensable para que la vida pueda ser considerada digna, millones de mexicanos que no estamos considerados personas de primera. Porque así como el agua ni de coña falta en Bosques de las Lomas para ser desperdiciada sin que ninguna autoridad haga nada para impedirlo, incluso ahora que ya es del dominio público que basta el lavado de las manos para no contraer el virus de la influenza. Y, como es obvio, el resto de enfermedades que sólo matan a los mexicanos, como la diarrea. Mientras los habitantes de Iztapalapa llevan años sin agua, la misma se desperdicia en Bosques, Santa Fe, Polanco y muchas otras colonias donde habitan los ricos. Se desperdicia incluso a manguerazos por chóferes, jardineros y chachas con uniformes, eso sí, grises, azul cielo, rosas y blancos, porque ya se sabe que las chachas no tienen el permiso de usar los rojos, verdes, naranjas y fucsias que sólo pueden usar las amas.
Lo dice Balam Pereira: “Son 15 mil los mexicanos que anualmente se mueren de influenza y otros padecimientos respiratorios similares. Y los regímenes siempre han ignorado esta tragedia de salud o como que se hacen a los occisos sin hacer caso nunca a estas epidemias que cada año padece el pueblo, porque no tienen ningún interés en la salud de los mexicanos. Ahora, con 22 defunciones (¿?) por una influenza atípica, se apropian del problema las autoridades, siguiendo líneas ‘de arriba’ para explotarlo de la mejor manera que convenga a sus intereses. Pero es una epidemia real, no inventada por nadie, es una epidemia como las que padece cada año la población. Tratándose de un virus nuevo, convienen las medidas de prevención que la población por su cuenta ha asumido… Nuestra enfermedad es la pobreza”.

Noticias informativas ISA

ALERTA SANITARIA. UN SERVICIO DE SALUD CÓMPLICE DEL VIRUS. EL BROTE DEL H1N1 DESCUBRE LAS CARENCIAS DE LA SANIDAD DE MÉXICO

por Pablo Ordaz

(publicado en El País, de Madrid, el 3 de mayo de 2009)

Hace dos días que la gripe no mata a nadie en México. Ya se sabe que las muertes confirmadas son 16, pero unas jornadas atrás —cuando el Gobierno barajaba una cifra de hasta 160 fallecimientos atribuibles al nuevo virus—, los periodistas preguntaban una y otra vez a cuanto responsable institucional se les ponía delante: ¿Por qué está muriendo gente en México y en otros países no? La respuesta siempre era la misma: “Porque los enfermos llegan tarde al hospital, cuando ya no se puede hacer nada por ellos”. A los periodistas —también al que suscribe— se les olvidaba insistir con una pregunta capital: ¿y por qué llegan tarde?

Vaya por delante una pista. O mejor, dos. El caso de Manuel y el de Óscar. Manuel tiene 63 años. El martes día 21 de abril se sintió mal, con los síntomas de una gripe. El miércoles, empeoró. El jueves, ya estaba fatal. “Mi esposa me llevó con el doctor César Decanini, a su consultorio del Hospital Inglés. En cuanto me revisó, me dijo: yo creo que es influenza. Voy a buscar al especialista”. Unos minutos más tarde, Manuel era sometido a pruebas de sangre, radiografías, tomografía, suero, medición de la capacidad respiratoria... “A las diez de la noche, el prestigiado médico neumólogo Eulo Lupi me informa que debo ser hospitalizado, que mi capacidad respiratoria está al 50% y que los pulmones se están deteriorando con rapidez. Por suerte, el doctor Decanini tenía en su consultorio una caja del antiviral indicado. Tomé la pastilla”.

El segundo caso es el de Óscar. Cinco años y siete meses. El jueves 16 de abril, el niño se puso mal. Su madre lo llevó a la clínica 11 del Seguro Social. “No lo quisieron recibir”, cuenta su tía, “porque no tenía fiebre. Nos dijeron que era una gripe normal”. Por la tarde, Óscar empezó a vomitar y lo llevaron a otra clínica del Seguro Social. Tampoco lo atendieron. Al día siguiente, a las seis de la mañana, Óscar empezó a sufrir convulsiones y, entonces sí, lo ingresaron de urgencia. Cinco horas después el niño ya estaba muy grave con un cuadro de neumonía. Lo pasaron a un cuarto de Terapia Intensiva... junto con otros ocho niños.

Casi no es necesario decir que Manuel se salvó. Óscar, en cambio, murió a los nueve días de sentir los primeros síntomas, tras sufrir un calvario de hospital en hospital. Manuel es dirigente de un importante partido político, fue secretario (ministro) de Relaciones Exteriores, diputado federal y hasta candidato a la presidencia de la República. Óscar, en cambio, era el hijo menor de una familia sin recursos.

¿Quiere decir esto que en México están sobreviviendo los ricos y muriendo los pobres? No hay datos para responder con certeza a esa pregunta. Entre otras cosas, porque el Gobierno tiene guardada la lista de los 16 fallecidos en un cofre con siete cerrojos. Según el secretario de Salud, José Ángel Córdova, el mutismo sobre la identidad de las víctimas intenta evitar “la estigmatización” de sus familias. Pero lo que sí es incontestable es que fuera de México se están detectando muchos casos de influenza y, salvo en Estados Unidos —donde sí falleció un niño mexicano de 23 meses—, nadie ha muerto por el momento. Más allá del desenlace, lo que sí demuestran de forma muy gráfica los casos de Manuel y de Óscar es la forma del mexicano de enfrentarse a la enfermedad.

Durante los últimos días, inspectores de la Organización Mundial de la Salud han recorrido los estados de México donde se han producido casos de esta gripe —mortales o no— intentando descubrir algún común denominador entre las víctimas. No lo han encontrado de una forma determinante, aunque uno de ellos ofrece su sensación sobre el terreno. “Está muriendo gente pobre. ¿Por qué? Porque es la gente que está acostumbrada a ponerse enferma, a pasar gripes más o menos fuertes y no ir al médico. Si los mismos síntomas los tiene un soldado de una base americana, en 10 minutos está en la enfermería. Es una cuestión de costumbres sociales. La gente sabe que acercarse al médico cuesta dinero”.

Hay una frase muy común en México entre las clases más humildes: “Tú te puedes sentir mal, pero no te puedes enfermar”. La enfermedad es una ruina. Nadie va al médico a las primeras de cambio. Y, desde luego, nadie va al médico por una gripe más o menos fuerte. Ir al médico —salvo para las clases exclusivas que disponen de seguro médico y hospitales de lujo— supone casi siempre una pérdida considerable de tiempo y de dinero.

México ha crecido mucho en los últimos años y hasta se trata de tú a tú con los países más desarrollados del mundo. Pero ese estirón no está siendo homogéneo. Para desesperación de sus gobernantes y vergüenza de sus conciudadanos, la imagen que México está ofreciendo estos días al mundo es la de un gigante al que se le quedaron cortos los pantalones. Estos días de angustia están dejando al descubierto las pantorrillas del sistema. La guerra al narcotráfico dejó casi en el olvido que un 40% de sus 100 millones de habitantes vive en la pobreza absoluta. Y el brote de la gripe está poniendo al descubierto que el sistema de salud no está a la altura de las circunstancias.

¿Qué hace un mexicano cuando se siente enfermo? Lo que viene a continuación es la síntesis de un sondeo realizado entre vecinos del Distrito Federal con distintos niveles de ingresos. Lo primero que hace, coinciden todos, es aguantar. A ver si se pasa la fiebre, a ver si con un vaso de leche caliente y una buena cura de sueño... Lo siguiente es acudir a la farmacia.

La cuestión farmacéutica merecería capítulo aparte. Los medicamentos en México son más caros que en Europa y que en la mayoría de los países de su entorno, pero tienen una… ¿ventaja?: se venden sin receta en cualquier esquina. Hay cadenas de farmacias que están abiertas a todas horas. Y disponen de todo. Desde ansiolíticos hasta viagra. Para fomentar el consumo de sus productos, los dependientes ofrecen de vez en cuando muestras gratuitas a sus clientes. De la misma forma que en un supermercado se convida al cliente a una porción de queso manchego. Antes de que se asustaran por los crímenes del narcotráfico, los norteamericanos cruzaban la frontera en romería para abastecerse de toda clase de potingues.

La segunda opción —si el medicamento no ha hecho efecto— es mover “la palanca”. La traducción al español peninsular sería “buscar un enchufe”. El mexicano es experto en eso. No por afición, sino por necesidad. Una vez que se llega al consultorio o al hospital, y hasta cuando los casos son graves, es fundamental buscar a un amigo que agilice los trámites para ver al doctor.

Los mexicanos saben —y así lo atestiguan las encuestas— que sus médicos son buenos, incluso muy buenos, y que los hospitales del servicio sanitario disponen de instrumental moderno y eficaz, pero no suficiente. De hecho, el paciente tiene que pagar en muchos casos parte del tratamiento. “A mí me pasó el otro día”, explica el padre de un muchacho que estuvo ingresado recientemente, “la atención fue muy buena, pero el hospital no disponía de determinadas medicinas que le hacían falta a mi hijo. Me dijeron que la única solución era que yo las consiguiera en el exterior. No se trataba de un caso de corrupción ni de negocio encubierto. Sencillamente, no disponían de ellas. Así que salí del hospital, fui a la farmacia de enfrente y las compré”. En ocasiones, el paciente tiene que seguir idéntico método para conseguir las gasas que se van a usar en su operación y hasta la válvula que le van a implantar.

Un porcentaje considerable de médicos mexicanos trabaja media jornada en la sanidad privada —hospitales al nivel de los mejores de Estados Unidos o de Europa— y la otra media en la pública. “El sistema es perverso”, admite uno de los doctores que practica el doblete, “pero funciona. A veces, a mi consulta del Seguro Social llega una persona con una dolencia determinada. Yo la atiendo, pero tanto esa persona como yo sabemos que, cuando salga de mi consulta, la próxima cita ya no se producirá hasta dentro de semanas o incluso meses. ¿La solución? Que la próxima cita sea en mi consulta privada. En el caso de que necesite ser intervenido quirúrgicamente, yo intentaré —si veo que esa persona no tiene los recursos suficientes— traspasarla de nuevo al sistema público, para que sea operada de forma gratuita...”. El sistema está tan acostumbrado a funcionar con ese juego de palancas que los dos grandes servicios paralelos de salud —uno para los trabajadores comunes y otros para los funcionarios públicos— disponen de personas que facilitan el mecanismo a colectivos determinados como periodistas o políticos...

Todo iba funcionando gracias a un sistema de equilibrios fascinante —como tantas otras cosas en México— hasta que llegó la epidemia de gripe. Todo el mundo se percató de las graves fallas del sistema. Los laboratorios para analizar el virus no funcionaron y las muestras tuvieron que enviarse a Estados Unidos y Canadá. El Gobierno dispone de un millón de tratamientos antivirales, pero eso sólo supone que puede atender a un 1% de la población... El país que quería salir en la foto de los más grandes se ve obligado a reconocer que necesita con urgencia que el mundo le facilite millones de dosis de antivirales, 200 millones de mascarillas, cantidades ingentes de pañuelos desechables...

Desgraciadamente, en apenas dos semanas ha cambiado radicalmente la imagen de México en el mundo. De los abrazos con Barack Obama, el presidente Felipe Calderón ha pasado a estar prácticamente enclaustrado en su residencia oficial de Los Pinos. De su voluntad dependerá la fecha en que los 33 millones de estudiantes y los dos millones de profesores regresen a las aulas. Será una decisión complicada. Tan difícil que dicen que le provoca un gran malestar y arrebatos de mal genio. ¿Está el sistema de salud preparado para decirle al presidente de la República la fecha en que los niños mexicanos puedan volver seguros a la escuela?

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GRIPE AVIAR

por José Saramago

(publicado en El Cuaserno de Saramago, http://cuaderno.josesaramago.org, el 30 de abril de 2009)

No sé nada del asunto y la experiencia directa de haber convivido con cerdos en la infancia y en la adolescencia no me sirve de nada. Aquello era más una familia híbrida de humanos y animales que otra cosa. Pero leo con atención los periódicos, oigo y veo los reportajes de radio y televisión, y, gracias a alguna lectura providencial que me ha ayudado a comprender mejor los bastidores de las causas primeras de la anunciada pandemia, tal vez pueda traer aquí algún dato que aclare a su vez al lector. Hace mucho tiempo que los especialistas en virología están convencidos de que el sistema de agricultura intensiva de China meridional es el principal vector de la mutación gripal: tanto de la “deriva” estacional como del episódico “intercambio” genómico. Hace ya seis años que la revista Science publicaba un artículo importante en que mostraba que, tras años de estabilidad, el virus de la gripe aviar de América del Norte había dado un salto evolutivo vertiginoso. La industrialización, por grandes empresas, de la producción pecuaria rompió lo que hasta entonces había sido el monopolio natural de China en la evolución de la gripe. En las últimas décadas, el sector pecuario se transformó en algo que se parece más a la industria petroquímica que a la bucólica finca familiar que los libros de texto en la escuela se complacen en describir…

En 1966, por ejemplo, se contaban en Estados Unidos 53 millones de cerdos distribuidos en un millón de granjas. Actualmente, 65 millones de puercos se concentran en 65 000 instalaciones. Eso significa pasar de las antiguas pocilgas a los ciclópicos infiernos fecales de hoy, en los que, entre el estiercol y bajo un calor sofocante, dispuestos para intercambiar agentes patogénicos a la velocidad del rayo, se amontonan decenas de millones de animales con más que debilitados sistemas inmunitarios.

No será, ciertamente, la única causa, pero no puede ser ignorada.

El año pasado, una comisión convocada por el Pew Research Center publicó un informe sobre la “producción animal en granjas industriales, en el que se llamaba la atención para con el grave peligro de que la continua circulación de virus, característica de las enormes varas o rebaños, aumentase las posibilidades de aparición de nuevos virus por procesos de mutación o de recombinación que podrían generar virus más eficientes en la transmisión entre humanos”. La comisión alertó también de que el uso promiscuo de antibióticos en las factorías porcinas —más barato que en ambientes humanos— estaba proporcionando el auge de infecciones estafilocóquicas resistentes, al mismo tiempo que las descargas residuales generaban manifestaciones de escherichia coli y de pfiesteria (el protozoario que mató a millares de peces en los estuarios de Carolina del Norte y contagió a decenas de pescadores).

Cualquier mejora en la ecología de este nuevo agente patogénico tendría que enfrentarse al monstruoso poder de los grandes conglomerados empresariales avícolas y ganaderos, como Smithfield Farms (porcino y vacuno) y Tyson (pollos). La comisión habló de una obstrucción sistemática de sus investigaciones por parte de las grandes empresas, incluidas unas nada recatadas amenazas de suprimir la financiación de los investigadores que cooperaron con la comisión. Se trata de una industria muy globalizada y con influencias políticas. Así como el gigante avícola Charoen Pokphand, radicado en Bangkok, fue capaz de desbaratar las investigaciones sobre su papel en la propagación de la gripe aviar en el sudeste asiático, lo más probable es que la epidemiología forense del brote de la gripe porcina choque contra la pétrea muralla de la industria del cerdo. Eso no quiere decir que no vaya a encontrarse nunca un dedo acusador: ya circula en la prensa mexicana el rumor de un epicentro de la gripe situado en una gigantesca filial de Smithfield en el estado de Veracruz. Pero lo más importante es el bosque, no los árboles: la fracasada estrategia antipandémica de la Organización Mundial de la Salud , el progresivo deterioro de la salud pública mundial, la mordaza aplicada por las grandes transnacionales farmacéuticas a medicamentos vitales y la catástrofe planetaria que es una producción pecuaria industrializada y ecológicamente sin discernimiento.

Como se observa, los contagios son muchos más complicados que el hecho de que entre un virus presumiblemente mortal en los pulmones de un ciudadano atrapado en la tela de intereses materiales y la falta de escrúpulos de las grandes empresas. Todo está contagiando todo. La primera muerte, hace ya largo tiempo, fue la de la honradez. Pero ¿podrá, realmente, pedírsele honradez a una transnacional? ¿Quién nos acude?

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LA ECONOMÍA PORCINA

por Mario Di Costanzo Armenta, secretario de la Hacienda Pública del gobierno legítimo de México

(publicado en La Jornada el 3 de mayo de 2009)

Durante los últimos días se ha difundido una amplia gama de información que va desde la que explica en qué consiste la llamada “influenza porcina”, su sintomatología, sus mecanismos de contagio, su detección y su tratamiento, pasando por la que califica las medidas adoptadas tanto por el gobierno federal como por autoridades estatales, hasta la que señala que ya algún laboratorio desde principios de abril había advertido de la aparición de este virus.

Más allá de debatir lo anterior, debemos preguntarnos por qué razón una enfermedad que no es mortal, si se detecta a tiempo, está matando gente en México.

De esta manera, lo primero que el sentido común nos dice es que o se carece de la infraestructura para detectarla a tiempo o bien no se cuenta con los medicamentos para combatirla, aunque en este último punto las diferentes autoridades han señalado que existe un abasto suficiente de retrovirales, los cuales se están administrando como medicamentos “controlados”, es decir, bajo estricta supervisión médica.

Luego entonces, algún inepto como yo se pregunta: ¿si tenemos los medicamentos y conocemos la sintomatología? el problema se reduce a detectar a tiempo la enfermedad, combatirla y evitar que ésta se propague.

Y lo que parece tan simple se complica por la sencilla razón de que, dentro del proceso descrito aparecen problemas para detectar dicha enfermedad o para que la gente tenga un acceso expedito y a tiempo al tratamiento de dicho padecimiento.

Así, me puse a revisar el “presupuesto” que se ha destinado a la Secretaría de Salud durante los últimos cuatro años. En un principio me emocioné cuando advertí que entre 2006 y 2009 el presupuesto de esta dependencia se incrementó en 42 mil 681 millones de pesos, al pasar de 42 mil 355 millones en 2006 a 85 mil 36 millones para 2009.

Entonces procedí a revisar en qué se había gastado tanto dinero de los contribuyentes. Lo primero que observé es que más de 60 por ciento de ese incremento, es decir, 28 mil 911 millones de pesos, se destinaron al llamado “seguro popular” que, como se ha venido sosteniendo ni es “seguro” (ya que nunca hay medicinas para los que recurren a él) ni mucho menos “popular” (ya que en muchos casos hay que pagar para tener acceso a sus servicios, además de que en gran parte de los casos, sobre todo en el sector rural, sus instalaciones se asemejan más a dispensarios médicos que a clínicas bien equipadas).

Advertí que el pago de salarios se había incrementado durante el periodo mencionado en 5 mil 230 millones de pesos, y que la inversión física total (como pueden ser laboratorios para detectar enfermedades, hospitales, etcétera) representó entre esos cuatro años sólo 5 por ciento del presupuesto acumulado, y que prácticamente la totalidad de esta inversión fue aprobada para 2009, es decir, que apenas este año se va o se está realizando.

Pude observar que al Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades, durante los años 2006 y 2007 se le asignaron precarios presupuestos, de 314 y 450 millones de pesos respectivamente, y para 2008 su asignación presupuestaria ascendió a mil 329 millones de pesos, de los cuales 723.8 millones fueron destinados a un rubro denominado “otros gastos corrientes” y para 2009 se redujo su presupuesto a un mil 149 millones de los cuales sólo 14.8 millones fueron para inversión física.

Al ver estas cifras, me preocupé y pensé que una parte del problema no es de origen virulento, sino presupuestario.

Es decir, que un virus que en principio no es mortal, a decir de las autoridades, se ha vuelto mortal por razones de infraestructura, de ineficiencia en su detección, de falta de prontitud en la atención, de escasa cobertura y difícil acceso a servicios de salud.

Por ello, no deben sorprendernos las medidas sanitarias que hasta ahora se han tomado ante la emergencia, por lo que los ciudadanos, debemos atenderlas de manera estricta y responsable.

Esta hipótesis se fortalece si observamos que, por ejemplo, en las modificaciones que se han realizado tanto a la ley del ISSSTE como a la del IMSS, se han esgrimido argumentos financieros y no de atención, prevención, eficacia y eficiencia médica.

Es decir, que esta “emergencia sanitaria” es otra manifestación del fracaso absoluto de nuestra política de gasto, por ello, el origen del problema lo debemos encontrar en lo que hemos dejado de hacer, y no en la emergencia, ya que al menos en nuestro país, la crisis de la “influenza porcina” es resultado de una “economía porcina”, que ha buscado a través de la salud del pueblo, más resultados electorales, que seguridad, eficiencia y eficacia.

AMLO.SI

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