viernes, 26 de diciembre de 2008

Malas costumbres

Dec
26
2008
Malas costumbres

Laura Bolaños Cadena
Tal (por) cual

Podríamos decir que los "mochos" nunca se resignaron a perder. El laicismo siempre fue una espina clavada en su costado y ahora que las pueden avanzan, a veces pian pianito y otras a pasos agigantados, a imponer sus "usos y costumbres". Si algo de lo bueno le quedaba al PRI, se dice, era que hacía respetar este rubro ganado e impuesto por la revolución.
Pues podrían creerlo personas que carecen de información, pero es muy fácil enterarse de que en las propias escuelas de gobierno, las maestras organizan misas "de graduación" cuando los niños terminan la pre primaria y la primaria. Claro, la misa se hace fuera de la escuela, pero se organiza dentro.
Desde hace muchos años, no digamos ahora, cuesta trabajo encontrar una escuela primaria, secundaria o preparatoria privadas laicas; en todas está presente la religión, la católica, claro. Pero hasta en los kinder particulares hay donde se reza antes de empezar la clase. Peor todavía: instituciones escolares privadas, entre los documentos que solicitan para inscribir al alumno, está el acta de matrimonio de los padres y niegan la inscripción a los hijos de divorciados con el argumento de que "son niños inestables". Y esto, desde mucho antes de que el PAN estuviera en la Presidencia.
Esto en el D.F.; en los estados, el asunto anda igual o peor; mucho peor en municipios y en el campo. En Chiapas no sólo no ha respetado el PRI el laicismo, sino que ahí ha aprovechado para establecer como "usos y costumbres" en algunas regiones, que no se puede votar por ningún otro partido que no sea el PRI ni profesar otra religión más que la católica. Y los disidentes van pa' fuera, lo que viene muy bien para despojarlos de la tierra; pero también para mantener la hegemonía del PRI en la localidad. ¿Y el laicismo, y la Constitución, y la legalidad? Bien, gracias.
Los evangélicos documentan violaciones de este tipo en estados como el mencionado, además que en Oaxaca, Michoacán, Guerrero, Veracruz e Hidalgo. Los echan de las comunidades, les cortan el agua, les impiden celebrar actos religiosos, construir sus templos y hasta enterrar a sus muertos. En el pueblo de San Nicolás, Ixmiquilpan, Hgo., tuvieron que sepultar a una mujer de religión evangélica en el patio de su casa porque los habitantes católicos no permitieron a los familiares el uso del panteón local, que es del municipio. Todo esto, a ciencia y paciencia de autoridades que se contentan con llamar a las partes a "conciliación" y rogar a los católicos que sean buenos muchachos y no se hagan odiar. Acaban siempre dejándolos hacer lo que les viene en gana, que es hostilizar a los no católicos y despojarlos de sus derechos incluida la tierra.
Autoridades del PRI pero ahora, en Chiapas, hasta del PRD, se muestran "muy tolerantes" con los católicos por "respeto" a "usos y costumbres", qué le vamos a hacer, hay que ser comprensivos. ¿Y el laicismo y la Constitución? Bien, gracias.
En tanto, gobiernos del PAN aprovechan la situación y hacen gala de su favoritismo a la Iglesia católica. En Jalisco y en Guanajuato se emplean recursos estatales para construir y remozar templos. El gobernador de Jalisco, Enrique González, fue desafiante ante las críticas por la donación que hizo de 90 millones de pesos del erario para construir un monumento a los "mártires" cristeros. Mandó a los criticones a tiznar a su madre (sin eufemismos).
En Guanajuato, los gobiernos estatal y de León están construyendo una plaza para "darle vista" al templo Expiatorio en la que invertirán, en una segunda etapa (hay inversión anterior para la misma obra llamada "Plaza del templo Expiatorio"), diez millones de pesos del erario. El gobernador panista, Juan Manuel Oliva Ramírez, colocó la primera piedra en compañía del arzobispo de León, José Guadalupe Martín Rábago. Y el PRI, calladito.
De vez en cuando, alguien se atreve a meter en cintura a algún cardenal obispo acusado de multimillonario fraude. El ya famoso de estos títulos, Enésimo Zepeda, alardeó de impunidad. No asistió al citatorio que le hizo la autoridad judicial del D.F. "Yo ya hablé con el Presidente- dijo cuando le preguntaron por qué se había negado a comparecer- y a mí me la persinan". (Textual).
Tuvo que "persinarse" él solo, porque se vio obligado a acudir al nuevo citatorio bajo la advertencia de que, de no ir, se le tendría que presentar por medio de la policía. Quien lo hizo cumplir la ley no fue autoridad del PRI ni del PAN, sino del gobierno perredista del D.F.
Por Esto!

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