lunes, 11 de mayo de 2009

¡Maten al león!

May
11
2009
¡Maten al león!

Juan José Morales
Impacto Ambiental

Maten al león se titula una novela del fallecido escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia —llevada al cine—, cuya acción se desarrolla en la imaginaria isla caribeña de Arepa y ofrece una visión humorística de las dictaduras que por largo tiempo padecieron los países de Centroamérica y el Caribe.
Ahora hay en el Caribe —y también en el Golfo de México y las aguas de la costa norteamericana del Atlántico— un temible león que debe ser exterminado sin contemplaciones en cuanto se le vea. Es el pez león Pterois volitans, sobre el cual escribimos en esta columna el pasado 5 de enero. Aunque es originario del Pacífico, ahora se encuentra en nuestras aguas porque durante un huracán escapó accidentalmente de acuarios de Florida en que se le mantenía confinado, fue liberado de manera intencional, o viajó fortuitamente en el agua de lastre de buques cargueros que transitaron del Pacífico al Atlántico.
Sea como sea que hubiere llegado a esta región del mundo, el pez león ya se ha establecido en una amplia zona que incluye las aguas de Quintana Roo y tal vez también el arrecife de Los Alacranes al norte de Progreso. Y el gran problema con él es —como decíamos en aquella ocasión— que tiene grandes espinas venenosas y su picadura, extremadamente dolorosa, ocasiona inflamación, enrojecimiento, sangrado, náuseas, entumecimiento, dolor de articulaciones, ansiedad, cefalea, confusión, mareo, parálisis o convulsiones. Un pez con tales características resulta sumamente indeseable en lugares, como la costa mexicana del Caribe, donde el buceo es una importante actividad turística y una forma de trabajo de los pescadores.
Pero hay más. Una reciente investigación realizada por Mark A. Hixon, de la Universidad de California, y Mark A. Albins, de la universidad estatal de Oregon, en arrecifes de las Bahamas, reveló que la presencia del pez león tiene un fuerte impacto sobre la fauna de los arrecifes coralinos. Los investigadores compararon arrecifes donde existían peces león con otros en que no los había, para verificar si ocurren diferencias en el número de ejemplares juveniles de las diferentes especies que pueblan las formaciones coralinas. Encontraron que ahí donde ya existe el Pterois volitans, el incremento de población con nuevos ejemplares juveniles de peces era hasta 79% menor. O sea, que el pez león puede ocasionar una fuerte baja en las poblaciones de peces de arrecife.
Eso era previsible, pues es un voraz depredador que come prácticamente todo animal que se ponga a su alcance. Al observar su comportamiento y examinar el contenido estomacal de ejemplares muertos durante la investigación, se identificaron restos de una gran diversidad de especies. Un detalle preocupante es que el pez león extermina peces herbívoros que ayudan a evitar la proliferación de algas en los arrecifes. Tanto o más preocupante es que también devora grandes cantidades de langostas pequeñas, y no hay que olvidar que este crustáceo es uno de los más importantes recursos pesqueros en Quintana Roo.
De modo, pues, que al pez león hay que aniquilarlo sin piedad. Como dice el oceanólogo cubano Pedro M. Alcolado, no se puede perder más tiempo. Es muy nocivo y constituye una real amenaza para las actividades pesqueras, turísticas y recreativas. Es además una amenaza de salud para bañistas, pescadores y personas que practican buceo o esnorquel.
Recomiendan Alcolado y los biólogos marinos mexicanos, que si al bucear alguien se topa con pez león, no vacile en matarlo —tomando desde luego las precauciones necesarias para no herirse con sus espinas— y dar aviso a la dirección de las áreas naturales protegidas de cualquier avistamiento de este indeseable invasor, para tomar medidas de control.

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kixpachoch@yahoo.com.mx

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