sábado, 21 de febrero de 2009

Salvemos nuestra especie

Feb
21
2009
Salvemos nuestra especie

Eloisa Carreras y Armando Hart
Correo desde la Isla de la Dignidad

Examinemos la gran tragedia que significa la sistemática y continuada destrucción del medio ambiente y la naturaleza en general que ha sido fuente de vida y que está mortalmente amenazada por las acciones insensatas y criminales de los hombres.
Describamos el drama a partir de algunos indicadores de la grave enfermedad que afecta a la humanidad:
* El 80% de los bosques que cubrían la Tierra han sido degradados.
* El 65% de los suelos agrícolas están erosionados y el 40% de todas las tierras del planeta están sometidas al proceso de desertificación.
* De los recursos pesqueros mundiales, un 60% está actualmente en el límite de captura permisible.
* Una cuarta parte de la humanidad sobrevive con ingresos personales inferiores a un dólar diario.
* El 20% de la población mundial no tiene acceso al agua para beber; un 50% carece de cobertura de saneamiento.
* Con respecto a la salud, se calcula que un 25% de las enfermedades prevenibles tienen su origen en afectaciones ambientales.
* De los 400 millones de toneladas anuales de desechos peligrosos que se producen, el 75% se genera en los países desarrollados.
* Si hace 25 años 500 millones de personas pasaban hambre, hoy la cifra de hambrientos se eleva a más de 800 millones.
* La deuda externa de los países subdesarrollados era en 1964 de alrededor de 50 mil millones de dólares. La cifra actual es de 2.6 millones de millones de dólares.
* En concepto de servicio de esa deuda, entre 1982 y 2003 los países pobres pagaron 5.4 millones de millones de dólares, es decir, han pagado en 21 años más de 2 veces el monto de la deuda actual.
* Cada año mueren de hambre unos 14 millones de bebés y niños menores de 4 años.
* La mortalidad infantil en menores de un año, en los países pobres, es 12 veces superior a la de los países ricos.
* 33 mil niños mueren cada día en el Tercer Mundo víctimas de enfermedades curables.
* Los países desarrollados representan el 20% de la población mundial, que utiliza en su provecho el 80% de los recursos del planeta.
* Ese 20% más rico de la población mundial consume el 70% de toda la energía generada en la Tierra.
* En particular, Estados Unidos, que alberga el 4.5% de la población mundial, controla entre el 25 y el 30% de las riquezas y genera entre el 25 y el 30% de la polución mundial.
Frente a esta inmensa tragedia, el presidente Fidel Castro en la Cumbre de Río de Janeiro de 1992 señaló: “Hay una especie en peligro de extinción: el hombre”.
En la Cumbre del Milenio efectuada en Naciones Unidas en el 2000 volvió a insistir en la gravedad de la situación al señalar:
La naturaleza es destrozada, el clima cambia a ojos vista, las aguas para el consumo humano se contaminan y escasean; los mares ven agotarse las fuentes de alimentos para el hombre; recursos vitales no renovables se derrochan en lujos y vanidades.
Más recientemente, a propósito del 45 aniversario del triunfo de la Revolución cubana, afirmó: “O cambia el curso de los acontecimientos o no podría sobrevivir nuestra especie”. Esto nos hace recordar un pensamiento de José Martí que dice: La naturaleza hace bien en echar sobre los hombres las catástrofes, porque levantan en ellos virtudes que se les igualan y los doman.
En efecto, los desafíos que tenemos ante nosotros y nuestras responsabilidades no sólo con el mundo de hoy, sino también con el de mañana, son enormes y se ha convertido en imperiosa necesidad que todos los humanos, o al menos una gran parte de ellos, nos pongamos de acuerdo en relación con las acciones que debemos poner en marcha para salvar a la humanidad de una catástrofe sin precedentes.
De esto se trata, de desplegar acciones inaplazables que nos permitan enfrentar con éxito el drama real que tenemos ante nosotros, porque la familia humana y su larga evolución natural y social se hallan frente a un abismo.
Estamos en el deber de exhortar a todos los gobiernos del mundo sin excepción, a los científicos sociales y hombres procedentes de todas las ideologías y culturas a asumir sus propias responsabilidades en defensa de la humanidad.
Desde las décadas finales del siglo XX se venían planteando algunas inquietudes al respecto, pero dolorosamente en nuestros días el problema ha adquirido una dimensión bien evidente. Existen razones muy objetivas de que los grandes medios tecnológicos acumulados por el hombre están afectando a la atmósfera, y hay razones también muy claras de que el drama social del hombre empeora por día y amenaza con el colapso de la civilización.
¿Tomará lecciones de ello la moderna civilización occidental? ¿Tendrá recursos, imaginación y voluntad para entender que la humanidad está aproximándose a límites que pueden ser insalvables?
La crisis social y económica que sufre la civilización occidental en su conjunto se enlaza dramáticamente con la afectación continuada a la atmósfera y a la naturaleza que viene haciendo el sistema dominante. Se ha convertido en una exigencia insoslayable estudiar con rigor cómo encontrar nuevos caminos para salvar a la humanidad de la combinación dramática entre los factores económico-sociales y los que corresponden a las ciencias naturales y tecnológicas. Ahí es donde se halla la mayor complejidad teórica y práctica de los más crecientes desafíos de nuestra época. Se ha convertido en una necesidad impostergable vincular el más elevado conocimiento científico natural con los contenidos en la historia de las humanidades y las ciencias del hombre.
La dirigente socialista Rosa Luxemburgo sentenciaba a principios del siglo XX: “Socialismo o barbarie”. Últimamente la expresión ha dado paso a la lapidaria expresión: “Barbarie, si tenemos suerte”.
Como revolucionarios debemos ver con optimismo el porvenir y continuar luchando por abrir cauces a los cambios radicales que permitan no sólo salvar a la humanidad de una catástrofe sin precedentes, sino también hacer realidad aquella consigna de libertad, igualdad y fraternidad, pero con un verdadero y real alcance universal para todos.
Por Esto!

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