sábado, 20 de junio de 2009

Los estertores del PRD
ROSALíA VERGARA
La resolución del TEPJF que benefició a Silvia Oliva con la candidatura del PRD a la jefatura delegacional de Iztapalapa, lejos de resolver el conflicto que empezó cuando Clara Brugada se impuso a la representante de la corriente Nueva Izquierda en su bastión familiar, obstaculizó los acuerdos internos en ese partido. La sentencia –basada en criterios inusuales de los magistrados– no fortaleció la institucionalidad partidista y, más aún, agravó las dife-rencias de Izquierda Unida con Nueva Izquierda, por lo que ambas corrientes prevén consumar la ruptura después del 5 de julio.Si en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) hasta hace poco la consigna era “acuerdo mata estatuto”, con la lucha por la candidatura a la jefatura delegacional en Iztapalapa se cancelaron las vías de negociación entre los integrantes de Nueva Izquierda (NI), conocidos como los chuchos, y los lopezobradoristas de Izquierda Unida (IU).La decisión de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) de revocar el triunfo de Clara Brugada, de IU, como candidata a jefa delegacional, para entregarle la postulación a Silvia Oliva, de NI, anuló la posibilidad de una negociación interna que unificara a ese partido y perfiló a éste hacia una ruptura anticipada. La imposibilidad de alcanzar acuerdos está orillando a los perredistas a tomar decisiones importantes después de los comicios del 5 de julio, coinciden los protagonistas de estos hechos, Clara Brugada, Silvia Oliva, Alejandra Barrales, Ricardo Ruiz y Jesús Ortega. El clan que dirige a NI en el Distrito Federal –Silvia Oliva, esposa del senador René Arce, jefe delegacional de 2000 a 2003 y quien fue sustituido por su hermano, el hoy asambleísta Víctor Hugo Círigo de 2003 a 2006– impugnó ante el tribunal el triunfo de Clara Brugada en la elección interna de candidato a jefe delegacional. La Sala Superior del TEPJF atrajo el expediente de manera inusual y después de 27 días revirtió el resultado.El 12 de junio los magistrados, encabezados por la presidenta del TEPJF, María del Carmen Alanís, no ordenaron reponer la elección, sino que el PRD le diera la candidatura a Silvia Oliva, a poco menos de un mes de la elección y con las boletas ya impresas con el nombre y la fotografía de Clara Brugada a un costado del logotipo del partido. Anulada su oportunidad de gobernar Iztapalapa –en lo que había sido el principal descalabro recibido por NI en la selección de candidatos–, Clara Brugada comenzó a defenderse. En el PRD se iniciaron negociaciones entre NI, IU y Andrés Manuel López Obrador, quien rechazó el fallo judicial y propuso, como solución, que se llamara a votar por el candidato del Partido del Trabajo (PT), Rafael Acosta, a fin de que si triunfa, éste le ceda el lugar a Brugada.En un pintoresco contrasentido, Clara deberá convencer a los iztapalapenses de que no voten por ella, pues eso implicaría un voto para Oliva, sino que sufraguen por Acosta, que el 16 de junio, en presencia de López Obrador, se comprometió a renunciar al cargo para que lo asuma Brugada. Para ello sería necesario que así lo solicitara el jefe de gobierno Marcelo Ebrard y que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) lo aprobara.
publicado en Proceso

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